El hombre, como todo ser viviente, es un ser relacionalmente consciente y relacionalmente consciente de su realidad existencial. Su estatus psicológico, por consiguiente, es un reflejo directo del status de su existencia relacional y de la realidad que ese refleja. Así tiene que ser ya que el hombre es de naturaleza existencial y, por lo tanto, estructurado en conformidad con ella. En consecuencia, psicológicamente hablando, el hombre es una entidad relacional y existencialmente consciente el cual, o continua siendo la realidad existencial que es o, por el contrario, cesara ‘siendo’ lo que ‘es’ lo cual, evidentemente, constituiría una contradicción total de su realidad como ser existente. En consecuencia, o es capaz, el hombre, de constantemente ser relacionalmente confirmado por su Contexto o, será obligado a deja de ser. Es por esta razón que cuando se presenta una contradicción de la realidad existencial del hombre (un reflejo no confirmante sino contradictorio de la realidad que es) el hombre es obligado a defenderse, neutralizar o compensar por la contradicción recibida ya que si no fuera así, el hombre seria, el mismo, una contradicción y, por consiguiente, no existente.

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